close-up portrait of a beautiful sleeping baby on white

¿POR QUÉ NO DEJAR LLORAR A LOS BEBÉS?

Durante mucho tiempo se ha pensado que lo mejor para que el bebé aprenda la lección es dejar que llore, no atenderle en su momento de “rabieta”. Sin embargo, un reciente estudio nos alerta de esta práctica: dejar llorar a un bebé de entre 0 y 3 años puede ser muy perjudicial para su desarrollo emocional. ¿Por qué?

El doctor James McKenna, Director del Laboratorio del comportamiento del sueño en la Universidad de Estados Unidos, explica que existe una zona del cerebro, la región orbitaria central, que se desarrolla desde los 0 a los 3 años. Esta zona es la encargada de gestionar el estrés y la ansiedad. Si durante esta etapa el bebé soporta dosis elevadas de estrés, su capacidad para ‘luchar’ contra el estrés quedará dañado para siempre.

La pregunta es: muy bien, tenemos que intentar que nuestro hijo no sufra estrés en sus primeros años de vida. Pero, ¿qué les genera estrés? ¿Perder de vista a su madre?, ¿tener que soportar ruidos fuertes?, ¿tener hambre?, ¿dolor? El doctor McKenna lo tiene claro: lo que más estrés produce en un bebé es sentirse desprotegido, llorar y no encontrar consuelo. Llorar y no ser atendido.

Como ejemplo, esa impaciencia de todos los padres porque el bebé aprenda a dormir toda la noche. Algo para lo que no están programados los bebés. Muchos padres insisten en intentar que duerman intentar que duerman las máximas horas seguidas desde el primer día. Y para ello, dejan que llore y llore sin parar hasta que se duerme por agotamiento. Pero el bebé no dormirá porque haya aprendido la lección. El bebé dormirá porque  habrá generado una serie de endorfinas y otras sustancias que intentan reducir el estrés. Es decir, dormirá por puro cansancio. ¿Y qué habrá aprendido de esta experiencia?: que no puede confiar en nadie. Que está solo.

¿Qué le puede ocurrir a un bebé que está sometido a grandes dosis de estrés en sus primeros 3 años de vida? Según el doctor MCKenna, crecerá como un niño que desconfía de todos, que prefiere el aislamiento, temeroso, con la autoestima baja, con un vacío interior, con problemas para controlar sus emociones, más ansiosos y menos cooperantes.

¿Cómo evitarlo? Reforzando el vínculo con el bebé desde el principio. Abrazándole, consolándole y atendiéndole en sus momentos de estrés, miedo o ansiedad.

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